Julián Oróstegui
Director
Melissa Espinosa
Directora
Escuela de formación Musical
Formación musical
Como parte integral de nuestro ministerio contamos con una Escuela de Música, dirigida por los mismos directores del Ministerio de Alabanza, Julián Oróstegui y Melissa Espinosa. La Escuela de Música nace como una herramienta de formación para desarrollar músicos con excelencia y, al mismo tiempo, formar adoradores con fundamentos espirituales sólidos.
Creemos que el talento debe ser desarrollado, pero también creemos que el talento necesita carácter.
Por esta razón, nuestra formación musical busca caminar de la mano con principios como la disciplina, la responsabilidad, la humildad, el servicio, la excelencia y la búsqueda de Dios.
Nuestro objetivo no es simplemente formar buenos músicos, sino preparar personas que puedan utilizar sus dones para servir al Reino de Dios.
Nuestra filosofía de adoración
Entendemos la adoración como un estilo de vida.
La música es una de las expresiones mediante las cuales adoramos, pero nuestra adoración comienza mucho antes de subir a una plataforma.
Adoramos cuando obedecemos a Dios.
Adoramos cuando servimos.
Adoramos cuando vivimos en integridad.
Adoramos cuando buscamos Su presencia.
Adoramos cuando ponemos nuestros dones al servicio de Su iglesia.
Por eso, la plataforma no debe ser el lugar donde buscamos identidad, reconocimiento o protagonismo, sino un lugar desde el cual expresamos públicamente lo que primero hemos vivido en secreto con Dios.
Nuestros valores
Intimidad con Dios: Buscamos que cada integrante tenga una relación personal y profunda con el Señor.
Integridad: Creemos que la vida del adorador debe respaldar aquello que ministra públicamente.
Excelencia: Procuramos desarrollar nuestros dones y capacidades para ofrecer al Señor lo mejor de nosotros.
Humildad: Reconocemos que el talento es un regalo de Dios y que todo lo que hacemos debe apuntar hacia Él.
Servicio: Entendemos que pertenecer al ministerio significa servir a Dios y a Su iglesia.
Unidad: Trabajamos como un solo cuerpo, respetando los diferentes dones, capacidades y generaciones.
Formación: Creemos en el crecimiento continuo tanto espiritual como musical.
Disciplina: Entendemos que la excelencia requiere compromiso, responsabilidad, preparación y constancia.
El perfil del adorador:
Queremos formar adoradores que amen profundamente a Dios. Conozcan y vivan Su Palabra.
Sean personas de oración.
Tengan un corazón enseñable.
Sean responsables y disciplinados.
Desarrollen sus capacidades musicales.
Sirvan con humildad.
Respeten la autoridad espiritual.
Trabajen en unidad con sus compañeros.
Sean íntegros dentro y fuera de la iglesia.
Entiendan que el ministerio es un privilegio y una responsabilidad.
Busquen la presencia de Dios más que el reconocimiento de las personas.

Nuestro compromiso
Como Ministerio de Alabanza y Adoración nos comprometemos a continuar formando generaciones de adoradores que comprendan que la música es un instrumento poderoso cuando es puesta en las manos de Dios.
Queremos levantar una generación que no solamente tenga talento, sino también carácter.
Una generación que no solamente conozca canciones, sino que conozca al Dios al que canta.
Una generación que no busque una plataforma, sino Su presencia.
Una generación que entienda que la verdadera adoración comienza con una vida rendida delante del Señor.
Nuestra declaración
Somos una generación de tañedores.
Buscamos el rostro del Señor.
Adoramos con nuestras vidas.
Servimos con nuestros dones.
Nos preparamos con excelencia.
Caminamos en unidad.
Formamos nuevas generaciones.
Y utilizamos la música como una herramienta para exaltar el nombre de Jesucristo y llevar a Su pueblo a Su presencia.
Nuestra oración es que cada instrumento, cada voz y cada corazón puedan convertirse en una expresión de adoración que glorifique a Dios.
Como declara el Salmo 33:
“Cantadle cántico nuevo; Hacedlo bien, tañendo con júbilo.”
Que nuestra música sea excelente, pero que nuestro corazón sea íntegro.
Que nuestras manos sepan tocar, pero que nuestro corazón sepa adorar.
Que nuestras voces puedan llenar un lugar, pero que nuestra vida pueda agradar al Señor.
Somos tañedores que buscan Su rostro y anhelan tocar Su corazón por medio de la adoración.






